Palabras al azar, poema desordenado

Castaña, y platina mirada
Otoño, llega con sombrero
Grietas, que callan secretos
Escaparate, vendiendo complejos

Delicadeza, estos versos
Mar, profundidad
Contraste, el de tus gestos
Paladar, ¿A dónde vas?

Azúcar, untando bocados
Remolino, hasta la cintura
Escena, silencio se graba
Remedio, que nazca tu escritura

Sobresalto, sobre ti
Novela, la anfitriona
Taburete, el que te espera
Corazón, de quita y pon.

Bruma de cualquier tiempo..

Parafraseando al poeta Manolo García retomo en su canción Vive en mi un recuerdo una frase atemporal corta pero eterna: bruma de cualquier tiempo. No es bruma lo que hace que alguien recuerde sus letras sino las palabras que acompañan a tal fenómeno meteorológico:
De cualquier tiempo.

Es escucharlo y no poder evitar una breve reflexión por pequeña que sea. Por un instante te das cuenta de que algunas neuronas de tu cerebro se han emocionado y empiezan a imaginar que puede querer decirnos Manolo con "de cualquier tiempo". No sabes porqué pero la frase te cambia, hay un antes y un después tras su pronunciación. Muchas cosas empiezan a poder ser de cualquier tiempo en tu vida. Piensas en las generaciones pasadas y en las futuras ya que el término te da esa profundidad y te tomas la palabra al pie de la letra. Irremediablemente buscas acciones en tu vida cotidiana que puedan tener la característica de ser atemporales y te sorprendes.

Hacer media con agujas y hilo es una de ellas. Tomas las agujas entre las manos y el contacto mismo ya te transporta hacia un "cualquier tiempo". El frio de las agujas, la textura de la lana y su técnica tan recogida te hacen sospechar de un origen anterior a tu existencia. Son agujas de otras manos y lanas de otras costumbres. Agujas que ya hicieron ropa en otros tiempos y entre tus manos seguirán creando: Agujas de cualquier tiempo.

Tejer puños es otra de ellas. Puños que recuerdas en jerseis y chaquetas de "las de antes". Aquellos puños que han luchado guerras, han padecido hambres y han sufrido destierros. Otro tipo los que han sido mitificados, condecorados y por ello recordados. Puños de armarios pobres o vestidores ricos: Puños de cualquier tiempo.

Aventura

Aventura de cartón, piedra o blandita

por lejana que sea,

por imposible que parezca.

Peleémosla.

Encendamos alta la llama,

desgranemos con deseo posibilidades,

desterremos complejos y manías,

por disparatada que parezca.

Adornemos simpatías,

perdonemos desplantes,

pisemos como gigantes,

por dificultosa que parezca.

Arremanguemos la pereza,

incluyamos a los nuestros,

insistamos desde el corazón,

por insignificante que parezca.

Sueños

Si se trata de un sueño no abandonarlo jamás
Seguirle la pista, mantenernos alerta de sus escondites, aguantarle las prisas si huye.
Encadenarlo a nuestro destino, presentarle a los vecinos del barrio de nuestros pensamientos.
Sonsacarle detalles de sus proyecciones, poner los oídos en sus entre dientes, adivinarle porqué ha venido y por cuanto tiempo. Prolongarlo desde el nunca hasta el siempre.
Entablar largas disertaciones durante las noches, perseguirlo, reseguirlo, recuperarlo si se acelera al más allá sin nosotros. Prometerle compañía.
No renunciarlo, no cederlo, no resignarlo, no cesarlo jamás...
... Porque no me gusta pensar que todo en la vida pasa por pasar.
… Porque me encanta pensar que todo en la vida sucede por algo.

Lissete y un libro

Lissete temía a la dictadura de los libros, a la esclavitud de lo escrito. No había leído una novela en toda su vida, pero parecía haberlas escrito todas. Era princesa de las letras, señora de la elocuencia, ama de los fenómenos por contar, explosión de matrices léxicas, era un bombón de lingüístico chocolate. No leía pero su hablar era literatura. Una manifestación artística de los fenómenos de la vida cotidiana que comunicaba a los demás con el propósito de implantar huellas. Difundía sus vivencias con el esfuerzo añadido de producir en quienes la disfrutaban la inyección emocional de una lectura de maestro. Quería provocar escalofríos, alegrías, penas, reflexión, pero por encima de todo, su misión y lo que a ella le hacía realmente feliz era conseguir que quienes la escuchasen encontraran en ella a la literatura pura sin intermediarios, sin plagios, sin escritura que la condicionara. Pura literatura hablada con el propósito de hacer de la humanidad un libro hablado y contado por todos, en el que cada persona pudiera proyectarse al resto y quedar unida por la palabra para siempre. Un pacto abierto a todas las posibilidades que pudieran imaginarse. Unas voces liberadas de sus propias celdas de castigo dispuestas a disfrutar de libertad de expresión. Un compendio donde el poder estuviera en las palabras dichas y no en los actos, un dominio del lenguaje que les recuperara su legitimidad. Una creencia verdadera que resistiera todo intento de manipulación. Una oralidad que diera a cada hombre su esperanza.

Contra metas

Me dispuse a mirarte y una defensa ocultó tus ojos
En el instante de presentarnos alguien olvidó tu nombre
En el contratiempo de una risa, tus labios sellaron silencio
Me acerqué con deseo y tu cuerpo protegido apaciguó mi apetito
En el arrancar de un escalofrío, soplaste para asfixiar mi fuego
Corrí ciega hacía lo que creía de ti y unos ojos ávidos me negaron la meta
Una meta rota, agrietada, en la que un sentimiento sufre estar partido en dos, o en tres, o en cuatro o en seis…

...Una meta que no me espera a mí...

Conviene entrar penúltimo en la meta de la vuelta a la infancia en patinete

Jugar por jugar tiembla en el corazón de Sabina proponiendo cosquillas para serios.
Una genialidad a ritmo de vals cuya magia enternece un recuerdo
y alivia alguna que otra derrota.
Comparte una verdad encima del escenario que convierte en la verdad de muchos.
Humilde Joaquín es un vividor al revés que propone sencillez,
un parón en medio del caos dónde sólo importe una risa, un sueño y bailar.
Bailar jugando y jugar bailando, de la mano de tu príncipe encantado o tu princesa.
Sus versos son veleros que navegan sin tropiezos por los azares de las vidas
de quienes bailan dispuestos al disfrute de aprender cómo llorar de alegría.
Poesía tan agradecida que te transporta a la infancia en patinete,
para caer en la cuenta de que la vida es una golondrina inmobiliaria,
y que volver atrás, depende únicamente del viento.
Sopla fuerte Sabina.

Valiente

¡VALIENTE, ponte el cuerpo!
No debas, mejor quiere y complace
Vive adrede como dice Mario
No temas a un desenlace natural
Salta un número incontable de veces
Ten valor para pasar por aquí, disfruta regresando
Pon ritmo a la casualidad y repetición a la suerte
Encuentra al otro, dejate sufrir por alguna ausencia
Vincúlate a un país, o a muchos
Pon orden a tus imágenes, invierte, borra o disfraza tu tiempo
Defiende tu memoria
Pretende que las cosas desaparecidas continúen durando
Duda de una realidad muda
Lucha por un buen poema, bello o cruel
Depende de ti que el pasado no se arrincone, úsalo
Resuelve el silencio de la vida con una idea por escrito.
Grítala,… se valiente para escucharla.
Porque entretanto puede acabarse el mundo.

13 de gener de 2010

Una trucada de la meva mare em desperta per anar a treballar. Això vol dir que són les set del matí i encara tinc l’uniforme sense rentar. Tot just deixo de somiar-te ara, just ara que eres tot el meu entorn, que et navegava la pell i et resseguia amb els llavis... Penso que és dijous i que l'uniforme encara m’aguantarà la resta de la setmana. A un quart de vuit les torrades es cremen i la llet encara és freda. Malgrat les incidències, gaudeixo de l’esmorzar fins a dos quarts de vuit. Mecànicament, omplo l’estomac de cereals i encara amb la boca plena, recullo el plat i la tassa i els fico al rentaplats. A tres quarts de vuit em dutxo. És l’estona més íntima de tot el dia, el primer impuls del matí. Aigua molt calenta per trobar-me amb els meus primers pensaments, i ben freda al final perquè no se m’han faci tard. A les vuit en punt, és pot dir que ja sóc un home despert que ha amagat la mandra al calaix.

Només tardo cinc minuts a vestir-me, dos a pentinar-me i mai em fixo en el mirall, perquè no hagi de recordar-me que el matí sempre és el mateix. Tanco la porta del dormitori, apago els llums de la cuina i amb un cop de porta deixo les meves costums a casa. A un quart de deu agafo el tren. Durant el trajecte, que són aproximadament vint minuts, tinc temps per avançar un parell de capítols d’una novel•la que vaig comprar per un impuls inevitable de trobar una historia de la que no t’has anat mai. Et recordo com cada matí durant el trajecte en tren, et recordo quan encara tornaves de nou. El tren s’atura i arribo a la feina.

Faig de mecànic en un taller molt petit, tant petit que de vegades voldria perdre'm i no he pogut. A dos quarts de deu comença el meu dia a la feina. Primer, vaig corrent al vestuari d’homes per ficar-me l’uniforme blau que ens fa a tots el mecànics éssers idèntics. A les deu en punt ja m’ha arriba la primera ordre del matí: haig de canviar el radiador d’una furgoneta i el filtre d’un cotxe. Després de passar-me el dia curant cotxes, em despullo de l’uniforme i em rento mans i braços deixant l’aigua ben negra. Per tornar a casa, m’emporto un dels vehicles que he reparat. No li he dit a ningú, però és el cotxe de la meva vida.

No li he dit a ningú, però sóc afortunat de poder conduir allò que més m’agrada, de poder ser coherent amb les meves costums cada matí, de no haver-me de mirar en un mirall mentider. I no li he dit a ningú, però cada matí t’espio darrere la finestra del meu tren. Avui, et passaré a buscar amb aquest cotxe i dormiren junts. Vull que tu siguis el meu últim trajecte de nit.

Hola!

Y un día reapareces dándome la bienvenida con detalles de canción, cuentos y boleros.
Devorando antifaces del pasado, despertando terremotos de ilusión, burlando a tantas lágrimas que con el paso de los días me obligaron a olvidar. Tu aroma saluda al mío en un beso ficticio, un abrazo me busca desde una distancia tan inmensa que me iría tras él sin pensar.
…Si ésta fuera la primera vez que regresas desde la ausencia no reconocería tu vuelta como habitual…Veo que no has cambiado de piel…
¿De qué sirvieron tantas cerraduras?
¿Tantas canciones prohibidas?
¿Tantas cárceles que me aislaran de ti?
De que sirvieron si no hay antídoto contra un sueño que me acerque a ti.
Me moría de ganas de verte otra vez.

Nosotros

Ahora que las lágrimas dejaron la infancia
Escuchémonos nosotros

Ahora que la nostalgia atreve a doler
Aprendámonos nosotros

Ahora que bastaron dos palabras
Perdonémonos nosotros

Ahora que sabemos como querer
Olvidémonos nosotros

Yo conocí a un poeta

Yo conocí a un poeta.
Le pregunté cómo invocaba a la inspiración y conseguí tímidamente acercarme a sus dulces metáforas. Le expié mientras escribía para conocer palabras secretas. Quise acercarme más para que me prestara sinónimos mágicos. En sus manos vi la extraordinaria habilidad de idear personajes y en los bolsillos de su gabardina coleccionaba miles de sabores, miles de transparencias, miles y miles de credenciales. De su cartera vació varios versos que lanzó al aire y conmovió a los oyentes. Supo inyectar la poesía en los corazones de los presentes, en las venas de las personas que necesitan llenar el mundo de palabras a medida. Se confesó pesimista en sus inicios y se declaró adicto a las promesas. Saludé emotivamente a sus rimas prestando atención en la estética de su lenguaje. Quise que se me contagiara su poder de sugestión. Traté de encontrar en sus pupilas algún simbolismo de la época. Estuve horas escuchando sus poemas y ellos me ofrecieron el obsequio de la originalidad. Finalmente, un verso me presentó a otro verso.
Yo conocí la poesía.

La Isla

¿Te vienes?
A una isla donde los besos sean frenesí
Y los abrazos nos hagan superar
Una isla par
Donde comer fruta e intimar con fuego
Una isla refugio donde esconder un secreto
Donde un fantasma no de miedo
Donde el miedo sea ciego
Múdate conmigo al centro de la nada
Levantemos un pequeño desierto vacío
Para saber que es empezar
Para llenarlo de presente
¿Vendrás?
Es un islote con tu nombre
Me inspiré en tu alma
Decorado sin errores
Con tantas sonrisas por estrenar
Lejos de mapas…
Sin puertas de entrada
Sin necesidad de salidas
Sin paredes, sin pasado, sin tiempo
La única frontera tu y yo

No fue bastante

Ella solía vestir tejanos, camisas ajustadas y calzado cómodo combinado con alguna bota de tacón alto, una elegancia subjetiva cosechada pocos años antes de que él entrara a formar parte de su vida. Desde su llegada, en sus primeras citas y hasta en la última, nunca más una prenda se ajustó a su cuerpo por casualidad. Ahora cada ropa tenía su porqué, su intención, llebaba consigo el inicio de aquella historia de dos. Por aquel chico dejó de ser novata en las faldas, se atrevió a los vestidos y, entre tanto, venció a su infantil complejo de probarse gafas de sol en presencia de más personas. Y es que el era una persona especial entre personas, más que una gran compañero, el era parte de ella, prolongación de ella, necesidad de ella. Todas las citas que compartieron fueron juego y fantasía, una inconcreción fantasmal que fue en aumento con los dias. Fantásticamente, se abrieron las páginas del cuento de sus vidas y escribieron su historia.

Tal y cómo narra el final del cuento, poco a poco creció un tremendo muro entre ellos, una defensa, un imposible. La muralla que la atracción de aquellos cuerpos rompieron para unirse, se vislumbraba ahora, decidiendo por ellos que dejaban de ser dos. Ocultando la fortaleza del muro, ella siguió luchando,nunca le dejó, nunca supo decir no, nunca se fue lejos, nunca abandonó, nunca dejó de quererle. Ella nunca le falló, pero eso no fue bastante.

Lápices de colores de los buenos tiempos

Repaso con un lápiz de punta fina nuestra mejor historia. Lápiz de punta fina para no rasgar la vulnerabilidad con la que me abrazabas, el débil pero profundo contacto de nuestros cuerpos. Con cuidado contorneo tus sonrisas y el ritmo de aquellas canciones ingenuas, sabias a la vez, que cantábamos para que no acabara el amor. Repaso de rojo intenso la inconcreción fantasmal con la que llegabas y te instalabas en mis sentidos, el tímido y sincero recoveco de tu corazón en el que día a día me fuiste sumergiendo. Tus conquistas, tus rosas, aquellas dedicatorias que deseaban que viviéramos juntos para siempre, también las perfilo intentando no levantar el lápiz y matar el instante. Sigo repasando y me encuentro en medio de aquellas decisiones que siempre hicimos de los dos. Tropiezo con el aquel día, con el siguiente y sobre todo con el primero. Recupero el calor, la alegría desbordante y los detalles que construyeron nuestra mejor historia. Y resigo nuestros cuerpos, nuestros silencios y nuestras ausencias con los lápices de colores de los buenos tiempos.

carmenYramón

Coincidían cuando salían a jugar a la misma calle de aquel mundo sin experiencia. Tras días de estar sentados sobre el asfalto, Carmen y Ramón abordaron a descubrirse con la lentitud propia de unos niños que no tenían prisa por crecer. En los peldaños de cualquier escalera vieja, acostumbraban a creerse juntos para siempre. Dado que poco confiaban en sus habilidades comunicativas, intercambiaban mensajes con sus vivaces miradas; eran miradas sin gramáticas, sin reglas, eran las miradas del auténtico lenguaje. Ramón amaba a Carmen por la habilidad con la que bajaba el tobogán y la flexibilidad con la que se deslizaba por los agujeros escondites de la época. Ambos ponían nombre al cariño que se sentían con el hablar de los niños de antes. Por encima de todo, y sin faltar a sus citas, iban a jugar al parque.
Carmen y Ramón habían conectado de un modo especial, en un mundo que empezaba y a una edad que casi no era ni edad. No les importaba ser los niños más niños de un mundo que estaba por estrenar, eso sí, con la indispensable condición de que lo fueran al mismo tiempo; ninguno de los dos podía estirar su niñez sin llevarse al otro de la mano.

...Y imaginas un hogar

Y llega el día en que imaginas un hogar: el color de las paredes, dónde ubicarás los objetos personales, si tendrás vistas a un paisaje o permitirás que te construyan edificios en frente, si tendrás armario con puertas correderas o serán más prácticas las puertas de siempre. Llega un día en qué observas con detalle los hogares ajenos con el ansia de extraer las mejores ideas de diseño para el futuro hogar. Son unos días inundados de sugerencias: ¿Necesitaré una habitación de matrimonio con baño o será desmesurado?, ¿Las estanterías del estudio de madera o modernistas?, ¿Con qué criterio elijo la cenefa de las baldosas de la cocina?, ¿Televisión en la habitación?, ¿Perro, gato o conejo como mascota?

Es difícil alcanzar la serenidad con las elecciones que vas tomando. Cuando por fin estás de acuerdo en que el color de las cortinas del comedor es el más afín a tu personalidad, de repente, recuerdas que hasta entonces cualquier cortina de alquiler había sido bienvenida a tu vida. O cuando por fin te convence el color del parquet de la habitación, te viene a la memoria que toda tu vida viviste sobre baldosas. Cuando has colocado toda tu literatura en las nuevas estanterías de madera, te preguntas si alguien más, excepto tú, apreciará con tanto amor el nuevo rincón de lectura. Las dudas saturan el hogar imaginario y el real se paraliza. ¿Nos habremos pasado de exigencias? ¿Se repetiran las ilusiones por construir un hogar?

... Y llega un día en que imaginas otro hogar…

Hoy saqué a tender la esperanza

Hoy saqué a tender la esperanza a mi balcón. Puse una lavadora de fe, de ilusión y de confianza. Centrifugué en dos ocasiones y el programa de lavado fue el más largo.

Necesitaba liberarme de tanta esperanza puesta en una vida que te reserva, de entre todas las vías, el atajo de la espera. Tenía que desprenderme de ella, al menos por unas horas. Era desmesurado el peso de mi esperanza sobre mi. Podía sentir como me ahogaba su egoísmo, el mismo que me convencía de que ella maniobraría, al final del cuento, la última pieza de la historia : ya no podía más. Era abusivo para mi cuerpo (de complexión delgada y de poca estatura) seguir arrastrando en vida a una esperanza presumida, con manchas de vanidad. Me sentía forzada a desvestirme de tanta esperanza mal llevada, quizás no era mi talla, quizás no era yo su cuerpo perfecto. Tenía que desplumarme de todas y cada una de las capas de fe y de ilusión mal aprovechadas.

Tomé la decisión cuando desperté esta mañana. Mientras tomaba el té pensé que un día sin esperanza, sin fe, no me iría mal, y menos aún, si ese día lo dedicaba a poner una colada de ella; una colada de esperanza. Toda mi esperanza en la lavadora para que se tiñera de nuevos perfumes, para que se puliera de imperfecciones y se enjabonasen las manchas de tantos días sobre mí...

"…Y mientras tiendo mi esperanza en el balcón, se me ocurre pensar que no debí quedarme fuera de la colada y que alguien debería estar tendiéndome a mí también. ¿Quizás ella? Se me ocurre como sería mi vida si no quisiera volver a saber de mi, si le da por no regresar a mi cuerpo, si después de limpia decide no quererme más... Sin esperanza dejaré de creer en que algo pueda cambiar, no confiaré en un mundo mejor, diferente, sostenible, en otro. Perderé la fe, la esperanza en las personas, no me las creeré, hasta pueda que la mia. ¿Y si dejo de creerme?... "

Esperanza de secó. Le pedí disculpas por mis repentinas disertaciones durante el desayuno y por mi acelerada decisión de poner la colada. Esperanza volvió, quiso estar conmigo.

...Tan real como si fuera imaginario, tan de mentira como si fuera verdad...

Al nen petit

...A cinco minutos de tus manos, palpando la suavidad de tu piel, me he resbalado por tu ternura y me he colado por tus huesos. Fijando la atención en tus ojos, me he precipitado al vacio de tu interior, he tomado el camino del amor y me ha llevado a tu corazón. Se está de cine, muy calentita y muy viva, y no me pienso mover. Acurrucadita me he clavado fuerte, el impacto ha sido definitivo y me quedaré para siempre. El aterrizaje hasta la entraña ha sido prematuro, pero cada cinco minutos, me siento la mujer más afortunada del mundo...

Me perdí a no encontrarte

En aquel momento bajé para tenerte cerquita del suelo. Me enamoré y te esperé durante horas en cada orilla de la vida. Después te aparté de mi camino cediendo a la marea cada uno de mis sueños. Te construí para consuelo una vida a mi lado que nunca pasaste a visitar. Me aliñé los sentidos con falso perfume para desocupar tu fantasma. Me senté a no esperarte. Me dormí a no soñarte. Me perdí a no encontrarte. Así, y cada vez más triste, me despreocupé de conquistarte. Hubiera sido un detalle encontrarte en aquella orilla. Cerquita del suelo, tus pies y los mios. Que me hubieras deseado durante horas, las mismas que yo lo hacía. No me habría acostumbrado nunca a mi desorden,a mi soledad mal llevada, ni a tu fantasma rebelde. No me hubiera sentado sin esperarte…
… Pero no tuviste el detalle, y me perdí a no encontrarte.

...en silencio...

Ahora no corras, no hagas ruido.
Sólo escucha el sonido de mis latidos, y cuánto más bajitos más secreto todo.
Ahora un gesto decidido, una piel esperando y el roce será nuestro.
No lo pierdas, que quepa en un momento…
… y revíveme siempre.

Otro cielo

Mujer de miel, mujer metal.
Trocito de rojo vivo, elogio a la dulzura.
Es mi boca la que duele, que te pide porque quiere.
Y a la vez te dice no te quiere.
Amarte sin decirte, para no sufrirte.
Esa es mi cruz.
Para que no cargues con un mundo muy pesado, tan egoísta como el mío, como yo.
Peso demasiado.
Vuela campanilla.
Yo me alquilé otro cielo.

12 palabras

Cachivache y cosa nueva
Viceversa tu y yo
Pliegue rencoroso
Marioneta tralará

Bolero de conquista
Coraza en altamar
Pendiente de tu pelo
Hilo malabar

Metáfora si me hablas
Almohada a tu merced
Colorete que ha venido
Ombligo por volver

Monólogo 1 de la cobardia

¿Escribiré en lo que dura un suspiro algún pedacito más de la escritura que me queda? Todo apunta a que mis manos no serán capaces de aventajarle, y que la inocencia de su aire, se llevará mi historia por delante.

¡Si las letras indecisas no se estancaran! ¡Si pudieran correr ligeras sin piedras ni atascos de vocal! Si así fuera, apostaría por mi historia y escupiría al suspiro. Pero en un medio huracanado como los pensamientos, se me ocurre que aquel suspiro de impotencia me empuje a la cuneta de lo que podría haber sido, a la ilusión convertida en trapo; cansada, sin misión, dimitida. Se me ocurre que las letras que hubieran escrito mi historia no nacieran y que descubrieran su propia ausencia en cada oportunidad de ser. Imagino que mis pedacitos se desintegrasen hasta borrar su origen y no les quedará más opción que el escondite en una vida ajena. Veo así un blanco eterno, una moqueta tendida para el desfile de los impotentes. Y me llamaré a mi misma cobardía. Y me llamaré cobarde. Y me llamarán cobarde porque me veté al sueño y le adelanté para cerrarle con llave, porque me ganó el suspiro y no acumulé valor para escupirle, porque me quedé en la cuneta, me acomodé en un antifaz de trapo y por perezosa no emprendí………………………………………………………………………………………………… las alas….
…Ringgg….
…Ringg...
…Ring…
….
…Y ya no … No naceran, y ya no llamaran los sueños.
Se sellará con un punto el final de la historia.

Creímos

Éramos de aguja y de hilo, y con el caminar,
hemos conocido el acero.

Éramos de barro y agua, y viviendo de tempestades,
nos han bautizado piedra.

Éramos de vapor, y con las escarchas,
hemos comprendido el frío.

Creímos en lo que éramos, creímos a pesar del acero, de la piedra y del frío.

Vengo


Vengo de cuando el vacío era el amigo
Del concreto bienestar de los momentos a solas
De cuando el tiempo no era inventado todavía
Ni tremendo expía de las escenas del día

Vengo de no saber que son los recuerdos
Del pertenecer a la nada y ser más feliz
De cuando en fronteras no se pensaba
Ni en los sueños te instalabas

Vengo de no reconocer tu nombre
De la indiferencia de tocarte preciosa
De cuando a nadie el deseo despertabas
Ni siquiera a mí, que hoy eres borrosa.

Vengo de no saber recordarte
Del olvido como escritura de vida
De consolarme en el pasar
De tus días, de tus manos que no vendrán

Un duendecillo amigo dice:

Nos explicaba un duendecillo amigo de la familia que los tiempos cambiarían, a pesar de que el verbo no le convencía demasiado. A veces llegaba a casa, se sentaba en compañía de su libreta y nos hablaba de un retroceso hacia un atrás que nunca existió.
Una mañana fría y escandalosamente iluminada por luces de navidad, el duendecillo amigo nos convocó a todos en la salita de lectura para discutir nuestra futura existencia, no la suya, la humana. Se inclinó tiernamente para recostar su hombro en el de mamá, y con un suspiro de suma preocupación, compartió sus pensamientos con nosotros:

- En este contexto de crisis global, algunos filósofos dicen que en consecuencia volveréis a ser más humanos, pues bien, es esta una afirmación errónea y verdadera a la vez. Verdadera por lo de humanos (para tratarse de un filósofo me asombra tal pobre evidencia), mentira por la conjugación verbal “volveremos”. Veréis familia, mi reflexión se origina en el momento en que este “volveremos” esconde para el lector una “extraña sensación de haber sido”, que se presenta como incuestionable y que todos aceptáis sin dudar, sin ninguna traba, como si os hubieran robado los reproches, la crítica. ¿Por qué? ¿Por qué os creéis que antes fuimos más humanos sin buscar contraargumentos, sin debatir nada? Yo que soy un duende y que tengo la virtud de existir fuera de espacios y de tiempos, quiero advertiros de que el “antes” y, sobretodo, el “como fuimos antes” es una invención que han construido para justificar esta inesperada recesión o vuelta atrás consecuencia de la crisis. Lo han inventado, a mi parecer, para tranquilizar a vuestra sociedad que va perdiendo sus referentes a paso de gigante.

Para que me entendáis mejor os lo ejemplifico, familia: Todo son situaciones económicas catastrofistas, guerras y terrorismo a flor de piel, bancos con subidas de tensión inesperadas, desempleados que no esperaban perder su trabajo. ¿Qué os queda si todo lo que os ha dado el sistema se lo carga el propio sistema? Esa es la paradoja, que no queda sistema, que no os queda nada. La situación es la siguiente: perdéis el sistema que os define y necesitáis aferraros a lo que fuisteis. ¿Y qué os importa lo que fuisteis si no fue más que el resultado de otro sistema fracasado? ¿Por qué este necesario reencuentro con un pasado que no fue sino otra porción del pastel de la historia inventada? ¿No es un poco raro todo esto, familia?

Bueno, maduremos estas ideas y mañana mi libreta y yo volveremos. Portaros bien, no miréis mucha televisión e ir construyendo vuestras propias definiciones, vuestras propias maneras de contaros. Elegid los que son vuestros presentes, pasados y futuros. Ir escribiendo vuestra historia sin sistema de por medio que os arrebate la pluma. Escribid para ser duende. Escribid para vivir.

Encontrar mi risa en ello

Te quiero hacer reír con un verso disperso, ganarme tu imagen sonriente con palabras que te rocen, sin querer, una pequeña realidad.

Incitarte a la lectura con un poema desabrochado, sin tabús, con la promesa de mi deseo en cada frase.

Quiero desbordarte con promesas, irreales por posibles y suspenses cada día. Sorprenderte cantando, mantenerte en los acordes y en las letras, en las melodías que te prolongan. Te quiero visionar a través de mi lenguaje, bucear en tus suspiros acelerados de calor. Hallarme vecino en el oleaje de tu respirar, buscarme en su inicio, su final y volver a empezar.

Con todo, quiero que rías. Regresar a la promesa, a la canción con tu nombre, a los suspiros conjuntos. Y con todo, seguro de encontrar mi risa en ello, hacerte reír después de reír.

Distancia

El siempre quiso obtener un poquito más de la vida. Estrujaba cada minuto, lo hacía suyo como quién defiende su dignidad hasta al final. Hoy rompía una distancia que abandonaba sin quererla dejar. La dejaba a ella, una mujer, una sirena, un imposible…se lo decía así:

“La vida me destierra de tus fronteras para destinarme a otros lugares. Me cambiará de nombre, me enmarañará de sentimientos que reconoceré haber dejado. Estoy más lejos. Lo estaré más que ahora, pero siempre tan cerca como tú sigas dispuesta a sentirme. No sufras, no te comprometas. Hagamos que no duela. No me odies, también a ti te obsequiará con novedades. La vida nos reunirá a los dos de nuevo en un espacio nuevo, nunca el mismo, que interpretaremos como ajeno y nos enamoraremos del escondite. Allí podremos ir a deshora. Yo te soñaré despierto sin necesitar tu permiso. Sin saberlo, también te refugiarás en el escondite despertando que me soñabas. ¿Despiertos? ¿Soñando? Nos reconoceremos en la materia que nos une, en el deseo que nos tenemos: sin leyes, sin reproches, sin tiempos, sin dolor. Porque no nos pertenecemos, porque no quiero poseerte. Y para amarte bien, te suelto la mano. No te llevo, aquí te quedas. No me esperes, volveré seguro. No me juzgues sin tiempo. Asume esta distancia si te encuentras cómoda en la libertad. Solo libres nos podremos amar”

Enseñarme a ser loco

Enseñarme a ser loco. Inyectarme el beneficio de poder dudar de mi cordura. No quiero ser cuerdo, no me creo este papel, no me creo que lo sea. A mis 23 años todavía no tengo conocimiento de la locura y, sin embargo, ¿Por qué aseguro con total convicción que no lo estoy? ¿Quién decidió por mi mente llamarme persona coherente? No se quién lo hizo, pero se que no fui yo. Se me asoma el infinito cuando intento responderme.

Tú que experimentaste más verdades que la mía, tú que huyes de la razón imperante y te paseas por arenales, enséñame a pensar como un loco. No cómo un político, un abogado o un juez, NO. Éstos ya determinaron suficiente. Se construyeron bien las reglas que justificarían lo prohibido, el castigo, lo anormal. Nos educaron para saber una verdad y entender una única razón. ¿Y saben qué? Lo consiguieron por un tiempo, pero me doy cuenta ahora.

Tengo un disgusto con mi persona. ¿Habré cedido el camino de mi sabiduría a estas bestias del sistema? He conocido la vida como la experimenta una marioneta a la deriva de un mar dominado por tiburones categóricos. Tengo la certeza de no haber dicho todo lo que hubiera querido. Me he callado demasiadas veces sacrificando mis deseos de exponer lo que pensaba. ¿Callarme por qué? ¿Callarme por ellos? ¿Quiénes son ellos? ¿Y si no son nadie? Entonces la mentira todavía es más perfecta. Lo han hecho bien, han ocultado las cabezas. Se han cubierto de sobrenombres como: sistema, leyes, instituciones, y pongamos la moral y la ética… Pensad en ello, nosotros también tenemos culpa. Estamos dejando pasar mucho tiempo acomodados en este juego de contrarios que nos han contado al revés. Yo quiero empezar siendo loco, no creyendo que soy normal porque me lo dicen. ¡Déjenme intentarlo por favor! Y si no me convence, si no es como yo imaginaba, si no me goza serlo, entonces, yo mismo seré quién me normalice. Para esto estoy educado. No habrá problema. Pero, por favor, enseñarme a ser loco.

Una papel en la vida

Una sala de entreno, pasarela del éxito al mañana.
Un saltito con ganas te posicionará en la carrera de la vida. ¿Asumes tu papel de triunfador?
Alguien te ha traido para encantar a los que te miran.
Para recaptar adictos a la adoración y el fanatismo.
Otros estarán destruyendote desde podiums y sonriendo a una cámara pagada.
Aquellos que no te conozcan te someterán al examen de la profesionalidad y la chuleria.
Empezarás pasando como si nada, no se fijarán en ti.
No esperes de primer plato la admiración, te servirán la envidia. Poco a poco, tu persona les prestará velos de referencia. ¿Estarán queriendo ser como tú?

Del alma

Eran tiempos en que enloquecías por localizarte el alma
Justito en el centro del pecho y tras un suspiro de no saber qué
Eran historias que no te dejaban dormir de la mano del temblor
Del saber si llegaría algún día parecido al que soñabas

¿No decías que con tus contrariedades definías la felicidad?

Eran tiempos de ignorancia que se iba sin querer
Futuros y presentes confundidos en una realidad que ni rozabas

Sujétate ahora el alma
Búscale un hogar en el centro de tu pecho
Allí donde siempre estuvo
Allí donde hoy, por fín, la reconoces.

Juntos y a volar

Si yo moviera el ala en señal de alegato
Si los otros pajarillos hicieran como yo
¿Estarían dispuestos a volar ya?

Por volar me refiero a alzarnos en defense del heróico sueño de la libertad.
Me refiero a concederle un ala a la posibilidad de cambiar las cosas.
Volar para ganarle a un tiempo que nos ha tomado de rehén.
Conquistar el cielo para rescribir la especie y preguntarnos: ¿Somos de aquí? ¿Qué sentido tiene serlo? ¿Podemos ser de otro lugar? ¿De cuál? ¿Volamos para encontrarlo?

Desde el tejado a diario sueño con nuestra revolución.
Que juntos escapamos sin importarnos el abandono.
Sueño que nos cansamos de la conformidad y nos fugamos.
Pero no lo tenemos fácil. Hay miedo. Desconfianza de ir todos a una. Y la culpa son las pertenencias terrenales que nos hacen sentir de aquí. Hablo de raíces que nos atan a la tierra, eslabones que nos impiden huir libremente. Situaciones creadas por esta sociedad que nos hace imprescindibles en los cuadros que pinta, en las rutinas dibujadas en paisajes que nunca dejan de contar con nuestra presencia, en plazas y parques dependientes de nuestro pasar para poder lucirse y competir en calidad. Son también muchas las señoras y señores que nos alimentan en torno a los mismos bancos y a las mismas horas. Son los mismos que nos acostumbran, nos anclan, nos obligan a seguir cumpliendo los roles que se nos imponen. ¿Son los que queremos? ¿Se han olvidado de querer luchar? Yo lucharé porque así no sea.

Desde la ingenuidad de no saber si lo plantearon, volaré de tejado en tejado, de cable en cable y de parque en parque, para comunicar mi ilusión. No más quimeras imposibles. Un día, una hora, un lugar... Juntos y a volar.

Cuando llueve

Sientes que la vida es diferente observada cuando llueve. Cabellos empapados, puñales por miradas o caras de muecas dejan atrás las fachadas de aquellos con quienes te cruzas a diario. Todos andamos, igual que siempre, nadie escuchamos, a diferencia de siempre. Solo queremos llegar. Nos mostramos de lo más animal, estado puro del ser. Somos una manada de instintos de supervivencia que tomamos los caminos más cortos, el balcón sobresaliente donde cubrirnos de la gota maldita. Nos resumimos a cabezas gachas encapuchadas o bajo paraguas que dejan de lado a la cordialidad. Y si la gota se vuelve chaparrón acabamos renunciando hasta de nuestra identidad. Llegando incluso a odiarnos a nosotros por estar, por no predecir, por haber abandonado el hogar. Nos anquilosamos en una situación de estrés ante la imposibilidad de soportar unas condiciones climatológicas distintas al sol que acostumbra. Con lluvia las personas nos importan menos, nosotros nos importamos del todo. De repente, nuestra máxima es continuar secos. Mojarse en exceso ante los ojos ajenos podría descifrarse como idiotez ante la astucia del otro que se cobija con mayor éxito. Las diferencias entre nosotros se reducen a un estado de humedad más o menos avanzado. Nada más importa, ni razas, ni orígenes ni color de piel. Que idiotez de diferencia tan sana nos presenta la vida cuando llueve...

Bienvenida

Un aroma de mujer intransferible parte con el primer tren de esta mañana. Se lleva con él tanto cuanto me ha dado. Y no se donde guardarlo sin ella. Sin dudas quisiera archivarlo. Atesorarlo con clave de nadie y mía para cuando la necesite. Podría ocultarla a los ojos planetarios para servir de fortuna a los míos. Podría congelar su presencia en cada alma que pasea y con un guiño reanudar su conquista. Me pregunto si ambas cosas no harán de ti solo una imagen y nada más, un recuerdo que mal me hará. Tengo dudas de guardarte y guardarte mal. De pretenderme feliz a costa de una burbuja de mentira. De acabar recreando una espera que nunca se promulgó. Temo el instante en que un recuerdo tuyo sea el recuerdo de mí recordándote.

Así que coge ese tren, y no me dejes nada porque no te voy a guardar. Incluso la atmósfera que vuela, esa que siquiera sé si rozaste, recógela también. Recoge de mí hasta tu ausencia. Tu pasar por aquí antes de acercarte a mí. Vuelve a antes del roce, remóntate al deseo. Y sin mí anhelo, vete siendo todavía bienvenida.

de las olas

Acuarela de playa

Tempestad de quimeras

Huracán de desorden.


Olas que en tierra anclarían

Mareadas de costumbre

Azotadas a derivas.


Olas que al día silbarían

Cargadas de despecho

Cautivas baladas de sal.


Olas de destierro

Quisieran con la espuma

Pregonar su música lejana.


Por las noches antiguas

En que abrazó misterios

La ola se pregunta:

¿Y si diera para más la mar?

y es un sí

Se avecina un lucerito

que brillando como fuego

me asusta como fiera.

Ruge muy cerquita

con la seguridad de un zapato a medio atar

Un desconcierto de trompeta callada

me da la nota

y es un sí,

y es un sí,

y es un sí.

María y las piernas de araña invertida

María desfilaba por el pasillo de su casa con un nuevo vestido. De la habitación al comedor, del comedor a la habitación. Se sentía tan segura! Después de enjabonar su cuerpo con gel de aceite de oliva, decidió que ésta suave y veraniega prenda de vestir se soldara a su piel en un aburrido domingo.

Se dice de María que es una mujer insecto. Le han acompañado durante toda su vida unas piernas de araña. De araña invertida. Cuando camina uno de sus pies se curva para adentro y el otro, ligeramente lo mismo. El contorno interior de su pie derecho sufre desproporcionadamente en cada uno de sus pasos. Se le van deformando todos sus tacones y sólo en caso de llevar zapatillas de deporte, alcanza a disimular su defecto óseo. A sus 22 años, la silueta de su cuerpo se ha ido moldeando con el tiempo a su peculiar esqueleto araña al revés.

Era domingo y quiso vestirse especial. Se colocó en frente del espejo y maldijo su cuerpo. De nuevo sus piernas le devolvían el reflejo de unas extremidades que causarían la risa de muchos. Se veía perfecta solo hasta el culo. Continuar bajando la mirada y pararse en sus rodillas le resultaba frustrante y fingidamente objeto de risa. A golpe de grito, corrió alocada hasta su habitación, cerró de un fuerte portazo y se encerró en el armario. Dos puertas le separaban de su feo retrato. A oscuras, desde la intimidad del mueble podría estrenar vestidos imaginando una figura perfecta. La leyenda cuenta que María nunca jamás vio la luz. Este cuento lo desmiente. La verdad es que María fue vista a los pocos minutos por una compañera de piso quien asegura recordarla tan guapa como siempre, en especial, la recuerda tan bonita con aquel vestido de domingo…

paseo a tí

Lo que duran estos pasos hasta que llego son pasos que acompaño pensando. El mismo cruce de carreteras con encuentro en rotonda, la vía de tren y sus máquinas de sueños a mi izquierda. Todo nos resume, nos une. El paseo hasta que llego tan moldeable a mi voluntad de acercarnos más. Ni bordillos ni piedras juegan al despiste y el trayecto y yo tenemos contrato. Pacto de dos. Emprendemos un viaje con el paisaje en un instante par. Devuelve cuentos, paseando sigo, un paso más, la balada del mar. Me sitúo recordando en esta acera en que te dejabas algo. Acera de viento y contratiempos.

Qué acierto este trayecto hasta que llego!
Paseo a tí


pasillo de la vida

Desfilan con trajes a medida
por este pasillo de la vida
pasillo de varela

Artistas que fascinan
adoraditos como dioses
llamados a inmortales

Elejidos

Cosidos a conciencia
escogidos a elegancias
virtuosos con vestidos
heroes, heroínas de mundos

Modelos
mimados
tocados por varitas de mago

Selectos y perfectos
queridos y re queridos

Desfilan con vidas a medida
por este pasillo de trajes
pasillo de la vida

La estantería de libros

¡Qué ganas tengo de tener todos esos libros sobre mi! Serán libros preparados con tiempo. Hojas con tapas reunidas en conversaciones que me prometen ser un mueble especial. Por el momento estoy pensada para ser muy larga, ¿prolongarme tal vez hasta el infinito? Increíbles son las ganas que tienen de construirme. Hablan de mí y hasta piensan nombres que pudieran ponerme. Seré una parte importante de una casa cubículo con vistas a todo y ventanas que nos regalen luz. Se han planteado crear secciones a partir de mi base, secciones por temáticas. ¿Cómo lo harán? ¿Tendré entonces más de un nombre?

¡Qué cariño me contagian cuando les oigo decir que compartiré habitación con una mesa larga y cómoda para leer. Entonces, ¡quizás no esté sola! ¿Me buscarán compañeras? Por lo entusiasmados que están cuando me piensan veo que no pueden evitar querer una estantería después de otra. ¡Cómo me fascina ésta ilusión compartida por reunir literatura de dos personitas que construyen como pueden! ¿Qué necesitan pedacitos como éste? Pues se escriben. Ésta estantería de libros de dos se compromete a tomar nota de todas vuestras visiones y reunir a todos aquellos muebles que os entusiasme compartir. Habéis empezado por quererme a mí, un simple objeto que se cuelga y se llena de polvo. Me habéis preferido por delante de otros muebles que van siempre antes. Ahora me queda lo principal, construirme para vosotros. Lo haré y cuando sea el momento nos encontraremos. Allí estaré, frente a vosotros gritando sin voz que me elijáis. ¿Me esperaréis? Puede que tarde en llegar. No os preocupéis. De momento, iros contando como me queréis sin perder detalle alguno referente al diseño, tamaño y material. De proteger vuestros tesoritos me encargo yo.

Historia de dos narices payasas y su significado

La sonrisa en la nariz, el pasado y la ilusión dándose la mano. Todo dentro de una esponjosa bolita roja. No era solo una. Eran dos narices de payaso redonditas y blanditas que se ajustaban a nuestras medidas de nariz humana. No molestaban a pesar de su tamaño. Ellas eran de apetecer. Además, no llegaban por casualidad ni tampoco para captar posibles payasos de circo. No. Aparecían con el deber de colocarse en nuestras narices y con un claro mensaje ya construido con anterioridad. ¿Te acuerdas de tu alma de payasa?

Nos traían el pasado. Las conversaciones sin mucho sentido. Los cordones a los lados y la delicia que suponía oler mi fresa. Quizás historias que de no haber sido por dos caramelos no recordaríamos ahora.

Con vosotras la sonrisa y la ilusión quisieron materializarse para no acabarse. Buscaron concretarse por miedo al sentimiento de no haber servido para nada. A pesar de sus tristezas, una nariz de payaso sirvió como símbolo de lo que siempre desearían, de lo indestructible. La sonrisa. Dos almas que sonríen. Sin piedras. Una nariz que siempre fue de dos, dos narices payasas.

Cuentos

Cuentos que se cuentan y cuentos por contar. Aquellos por soñar y los cansados de que los sueñen. Cuentos que no crees. Largos que siempre son de ti y más cortos que gritan final. Cuentos de viajes, maletas y equipajes de anhelo. Cuentos con sal, amargos que se despiden y arropados de cariño. Cuentos azarosos que esperan al viento, cuentos furiosos que juegan a pasar y ya. Cuentos que no crecen. Peter pan.

Los que me cuentan de ti, los que imagino. Cuentos equivocados, que no llegan a su hora. Los que lo hacen a su modo. Cuentos que vacían mares a cubos, que crean un océano. Cuentos en negativo otros al sol y morenitos. Cuentos orgullosos de acabar o teloneros de lo que vendrá. Cuentos de amigos, aquellos que tienes y recuerdas cuando no. Cuentos rotos en caminos que andamos y los que olvidamos. Cuentos de violencia o margaritas vacias. Cuentos de futuro, posibles y de destierro. Los del pobre sin quejas, los del rico de oro. El rey midas.

Desde el cuento que madruga hasta el cuento por testigo. Los que murmuran, intuyen y huyen. Los que aburren. Cuentos para reyes, princesas y sapos. Cuentos para cientos, miles y millones de páginas. Aquellos que sangran y hasta los más primitivos. Cuentos contra todo o a nuestro favor. Los que estiran y se rompen, y de cristal. Cuentos para desayunar. Cuentos que no están, que no ves, pero arrancan sin más. Cuentos en manada, uno entre tantos, ¿Cuál eliges? Los que se suicidan, cuentos de poeta, Romeo y Julieta.

Cuentos acomodados, perezosos y resignados. Cuentos con intención, que prefieren la luz, la cara o la cruz. Con coraza, de crítica, mafalda.
Cuentos de paisajes,verdes, otoño o flores. Fábulas.
Del espacio o la tierra, de dioses y mortales.
Cuentos de pelo largo.
Cuentos de mí.
Cuentos de media mujer.

Fuerza

¿Es el estreno de un ritmo primerizo? ¿Es el inicio del sendero lo que escribo?

Compases de navegantes como nosotros, tu y yo. Que se dan cita sin quedar en algo que llamamos soñar. Sorteando asfaltos viejos e incendiosos recuerdos me escribo y no siempre igual. No me pidas que siga siendo la misma en terreno de azar. Ten fuerza para dar.

¿Es el acorde infinito el que nace? Es desenlace equivocado?

Son relatos de viajeros escapistas a la suerte. Vigilantes clandestinos de ellos mismos. Monigotes citados por la esperanza en combate. Ten manos. Ten fuerza para dar.

El ritmo

El ritmo. Curioso. ¿Cómo hablo de ti?

Resulta fácil encontrarte como acompañante de canciones, tatareando melodías, incluso las que nunca escuché y para las que siempre hay una primera vez. Es el modo más cotidiano de pasar un rato juntos. Pero si te escribo no es porque me acompañes en canciones. Intento darte un pedacito de escritura porque mereces explicarte más allá de tu primera definición de diccionario. No solo de la música eres el dueño. Tu formar parte de la vida va mucho más allá. Te percibo expectante, atento a cómo transcurren los días, los encuentros, las miradas, los silencios y las decisiones más o menos acertadas. Encaminas objetivos, deseos y realidades. Esto lo haces casi del todo bien. Pero tengo que decirte que también he observado que vas dejando a quién te busca en soledad. Basta que alguien confíe en que algo sigue su ritmo, para que tu, a golpe de azar, te aventures a cambiar el rumbo de los hechos. Me gustaría saber porqué lo haces, si es una orden de tu superior el señor destino, o simplemente, eliges a tus colegas o no en función de algún desconocido prejuicio. Esto no es todo.
Ahora hablemos de una situación embarazosa, de la menos esperada. Aquí te encuentro también. Estás en medio. Entre aquellos que callan queriendo gritar y los que gritan queriendo no ser escuchados. ¿Por qué no compensas éstas situaciones? Equilibras emociones, sí, pero al susceptible le dejas para el final y al incomprendido le enseñas como solución la ira. Tengo que decirte que cuando el corazón es el protagonista no espero tu llegada. No confío en tú disciplina. Sé que te gustan los encuentros irónicos y prometidos de eternos soñadores y que das esperanza a los sueños de aquellos que aburrieron pensar.

¡Qué más decirte! Empiezo a reconocerte cuando formo parte en las conversaciones. Entre las palabras indecisas que no se atreven y la espera de quién te escucha dibujando una respuesta en su mirada. ¿Y en los días? También tienen tu sello. La rutina es rítmica. Aquí te coordinas muy bien para parecer siempre idéntico al día anterior. Acabas tu compás del martes para iniciar el mismo el miércoles. ¿Qué haces cuando te rompemos la rutina?, ¿Cuándo te arrebatamos las riendas queriendo componer una nueva canción? ¿Nos acompañas en la percusión, en la guitarra, o tal vez maracas? Yo quiero componer de nuevo. ¿Te adaptarás a mi partitura? ¿Te sentarás a mi lado para componer un pedacito de estrofa? Ven, quiero que oigas algo…

Lo más lejos a tu lado

Pedacito navideño de un peluche ilusionado

OSO (Alias Osiello) dice:

“Hoy es un día divertido por su magia. Te he conocido. Eres de mi mismo pelo sintético, compartimos ternura y te sonrojas. Has venido de oriente de madrugada. Eres suave, manejable a las manos humanas, pies de terciopelo y de colita marrón.
Ni en mis mejores sueños hubiera olfateado orejas tan agraciadas. Eres un hechizo de perrita recién llegada a mi vida. Este año has olido mi espera y aquí estás. Nos deseo lo mejor lejos de gritos, polvo, dependientas y niños estrujadores. Desde hoy, un brindis canino por los momentos perrunos por vivir. Todos junto a ti. Gracias PANZA.

“Lo más lejos a tu lado”

Ya vuelvo...

A la espera de antes,
Dile que ahora vuelvo
Susúrrale que me he perdido
Bajito,
Coméntale el pasar de mis días, los suyos
Que acerté en mis deberes
Que comprendí mis derechos
Y que me espere, que ahora llego,
Es una reconstrucción que debo resolver
Es una fe que vuelve de nuevo
Ahora si,
Ya vuelvo a esperarte otra vez…

Gruñirá al mundo

... pedacitos de estrés y sus consecuencias

La indignación supera su límite y ríe. Risas de esas que sueltas diciendo “por no llorar”. Una carcajada que adoptando la forma de lamento e impotencia, da el alivio justo para empezar de nuevo.

La protagonista de este día y su correspondiente trocito de realidad, es una servidora que ríe y se calma para no obstinarse. Y es que las mismas cosas que no soporta y de las que huye con constancia, le persiguen estos días de Universidad a full.

No debería enfadarse, sino pasar. No debería rechistar, sino callar.
Tú le convences de la relatividad del estrés.
Otros le cuentan pedacitos de vida próximos en que se ven reconocidos.

Pero ella no pasará más, no callará de nuevo. No está dispuesta a tolerar pasivamente excusas ni pasotismos. Mucho menos eludir un gracias merecido o un lo siento a tiempo. No dejará que sus quejas mueran antes de ser dichas.

Por eso, después de su risa, lo hará: GRUÑIRÁ AL MUNDO
Lo mejor que pueda, lo mejor que sepa.

Un cambio de vida

... un pedacito de cuento.


Se despertó secreta y sola. No había tenido ganas de madrugar y se había dejado la mañana en la cama. Ya no eran tiempos de improvisar. ¿Había sido su vida una sucesión de errores sorprendidos de aciertos? ¿O bien esos aciertos fueron minuciosos intervalos entre un error y otro? El eco todavía latente de su pasado la refugiaba en un desconcierto previsible. ¿Cómo ir a más velocidad si los recuerdos te encadenan? Desde el butacón del comedor, en momentos de actitud reflexiva, podía desdibujar el tiempo, volverlo suyo de nuevo. Pero el consuelo era tan solo intermitente. No le alcanzaba, no le compensaba. Ahora y desde hoy sus pies deberían emprender una nueva ruta y sus ojos una nueva lectura. En lo que respecta a su mente, le negó ejecutar su maniaca costumbre de rebobinar la cinta de los recuerdos.


Antaño, había sido viajera experimental. Una andarina de no más maletas que las repletas de sueños, de los suyos. Fue portaestandarte de la libertad, la fugacidad en sus episodios y los continuos cambios de vida y formas de pensar esa vida. Voceó miles de veces la importancia de pensar en sí misma a pesar de que sus actos transparentaban hábilmente parte de su fácil dependencia. Había vivido en márgenes y en centros gravitatorios desmesurados. Fue boca loca, besada, pensada y deseada. Había gustado y le habían gustado más de dos hombres, varios, ninguno y quizás alguno que no supo. Le codiciaron las emociones fuertes, los sentimientos prohibidos. Vivió mil vidas llorando mil recuerdos, riendo dos mil. Dio todo lo que tuvo, recuperó con experiencias y fue adicta a la pregunta. Voló sin motor y sin quererlo, sufriendo caídas en picado y despegues improvisados. Se le incendió el corazón y ocupó sábanas de otros. Huyó por vicio y costumbre, por miedo y prudencia. Huyó de sus propias quimeras hasta que no encontró más subterráneos donde refugiarse, hasta que cada principio, no le devolvía más que mismos y reiterados finales. Pero de eso, como de muchas otras nostalgias, había pasado más de medio siglo. Ahora, proyectando inmunidad a todo pasado, solo confiaba en arañar el presente con garras de resignación. Así, sus días empezaron a ser más afines a los días de otra gente habituada a la rutina, las jaulas de alquiler y la familia: sus vecinos de ahora. Intentó ser, hacer, y hacer ver que hacía como ellos. La viajera había detenido así su azar.

La que vuela y no



...“No me cuentan”. - Suspira una personita de la que se dice que vuela. De hecho, se hizo algunas instantáneas que lo confirman. ¡Saltó tan alto! ¿A cuento de qué?...


Personita dice: -Un saltito, solo uno, pero con ecos de eternidad. Quiero que volemos. ¿Un soplo me darás? ¿Suspirarás de mi mano en la tempestad? ¿Serás fantasma en el huracán? ¿Te entregarás a la anarquía del temporal?

- No y no y no y no y no. Yo necesito un vuelo particular, un vuelo a mi manera, vuelos de mi gremio. Debes entender, debes no esperar. Es que no puedo querer. No podemos volar. No ahora. No insistas, querida. Ni siquiera apuesto por un vuelo amigo o casual. Precisamente volar es algo que hago mejor solo. ¿Y tú? ¿Por dónde vuelas?

Tiempos mejores

Hubo tiempos mejores para mí. Por aquel entonces yo era una prenda de vestir respetada. Recuerdo como la gente me compraba con decisión. No tenía competencias directas en ningún gran almacén ni tienda al por menor, porque a mí, me necesitaba la gente. Mi condición de “bata de estar por casa” me limitó desde siempre a no poder brindar más servicios de los que me son propios: cubrir del frío en invierno y evitar las manchas en el pijama durante la cena. Siempre fui prenda preferida para las madres a la vez que despreciada por los más pequeños. Estas criaturillas nunca me llevaron con decisión ni se sintieron a gusto conmigo. No les resultaba cómoda si se animaban a saltar en el sofá o sí les daba por jugar en el suelo sentados de cualquier difícil postura. Tampoco les agradaba estéticamente. Mi cinturón anudado les agobiaba y siempre me desataban para acabar pisándome con descaro. Si me llevaban durante el invierno era únicamente por cumplir la orden de mamá, que al grito de: ¡Fulanito ponte la bata que te vas a constipar!, no dejaba lugar a la réplica. Conservo también lo poco que estos peques me recordaban de un día para otro. Y es que por más que me esforzaba en ganarme un hueco con clase en sus armarios, nunca me devolvían al mismo lugar. Puedo decir que he pasado noches enteras en sillas, cocinas, baños e incluso suelos. Pero aún con todo, y a pesar de los tirones de manga que me llevaba, eran noches en las que dormía con la ilusión de haber hecho lo correcto por aquellos que me necesitaban.

Aquellos fueron tiempos mejores y no los tiempos de ahora. Y digo esto porque tonta del todo no soy. Se que he perdido con los años. Se que nada es cómo antes. En los hogares no me compran y ni tan siquiera el invierno requiere ya de mi abrigo. Si alguien me sigue llevando es únicamente por costumbre, porque no quiere tirarme si todavía puede sacarme partido, o por ambas cosas a la vez. Muchos me han sustituido y la mayoría siquiera piensa en que podría serles útil. Ahora si me rompo no importo. Si los niños no me llevan mamá no dice nada. Si estoy en las tiendas, otras prendas van antes que yo. Si no estoy, nadie pregunta por mí. Solo soy lo que fui. Ahora apenas soy nada. Estoy desapareciendo porque han dejado de confiar en mí, han dejado de necesitarme. Mi ilusión podía con las patadas y pisotazos de los más pequeños, tal vez, pero no con la indiferencia humana. Me siento inútil y desplazada. Se que no soy bienvenida a vuestros hogares y también sé que os cuesta decirme adiós por todo lo que hice antes por vosotros. No hará falta despedidas, ya me retiro yo.

Z

Mi nombre es Z. Este pedacito es parte de mi comienzo, es punto y principio de lo que puedo llegar a ser. No es mi primer nacimiento. El pasado me dio otros y tuve tentativas de existir, pero finalmente, no confiaron en mí. Nacía y moría, me dejaban morir.

Mi principio es que no tengo principio y que solo aparezco si dos personas me quieren dar forma. Nazco sin pedir mi vida. No elijo porque no tengo cómo y otras letras (x,y) han querido hacerlo por mí. De hecho, están poniendo sus ganas en que así sea. Mientras ambas me tallan a propia voluntad con sus manos, observo mi destino a medio camino entre el entusiasmo de existir y la melancolía de quedarme en lo posible. Ellas no me han visto y nadie ni nada me garantiza que así sea. Es por ello que ando temerosa de lo que pueda pasarme allí fuera. Y digo fuera porque ahora más que nunca estoy sintiendo el despertar. Siento que me animan a ser y a escaparme con ellas. Siento que me empujan a ser algo, que me impulsan desde cero para prolongarme quizás hacia el infinito. Ese sería mi deseo pero callo. No puedo decir. Solo dejarme al destino y amarrarme fuerte a ellas.

Hoy hablo por primera vez. Me decido a contarme solo hasta donde me han escrito. Se que soy Z y que ilusiono, se que os ilusiono. Nunca antes me hicieron así. Gracias X, gracias Y.

Arranco

Arranco a la petición de nada. Arranco contando algo de nadie. Arranco porque me da la gana.

Cuando me pides, me encanta la vida.
Cuando te pido, me encanta otra vez.

Esto no es ni poema ni prosa. No era para mí ni se escribiría así. No era su intención ser cuento. Siquiera conjugué presente o pasado queriendo. Son estas manos que entre teclas y exceso no dan opción a la precisión. Siento mi desorden. Perdí el hilo de todo esto…

Creo que te escribía a ti…

Cuando me das, me encanta la vida
Cuando te doy, merece la vida.

Sí, pero juntas

Una semana algo extraña. 7 días vírgenes de inspiración. Que desastre de persona, que decepciones me doy.

Mis ánimos ordenaban a mis manos: “Venga, siéntate un rato, tranquilízate y da vida a otro pedacito tuyo”. Pero ni caso. No he podido vencer mi cabizbaja actitud. No ha habido alarma para mis sueños. Los he dejado morir sin darles tiempo a volar. 7 días sin vomitar palabra, todo quedaba dentro.

Semana fea, que no triste. Intuía su llegada y me acomodé en la estupidez. Mi actitud conmigo ha sido conformista. No me he discutido ni obligado. No he creado y apenas concentrado. Si pensar en escribir me concedía al menos una sonrisa, no me dejaba. He engañado a mis palabras haciéndoles creer que la señora inspiración me había dejado un tiempo de relax. Mentira. No era cierto. Yo sabía de ella. Sabía que estaba, el problema era sentir su lejanía. Pero no era abandono, era distancia. No era huída, era promesa de que volvería.

Ahora ya estás cercana. Ahora puedo arrancar. Si estás pide algo: Puede ser tuyo, mío, de nadie, puede ser cierta coordenada con ganas de aportar algo más, puede ser cuento, puede ser presente, pasado, futuro. Pide si estás, pero pide siempre.
Te digo sí. Me digo sí. Sí, pero juntas.

La tortuga que dejó de ser tortuga

Algo parece imposible y luego sucede. Igual que este cuento.

"A tí que sentiste ser tortuga"

La tortuga, ese animal con caparazón. Pues una de ellas no lo tenía. Y no tardó esta tortuga en cruzarse con una compañera, la cual sí tenía su habitual caparazón fuerte y resistente. La tortuga desnuda le explicó por qué esa mañana había amanecido sin su protección. Podría haberse rozado bruscamente con el tronco de algún viejo árbol o alguien habría podido pisarla. Pero no ocurrió así. La tortuga se había arrancado su caparazón a propósito. “Me estiré fuerte hasta que me despegué de él… no lo quiero, me molesta, no me sirve. Sin él soy más valiente porque no puedo esconderme, es así únicamente como podemos superar los miedos de nuestra especie.”

La otra tortuga entendió que hablaba en serio y quiso imitarla, así que intentó lo mismo con su pesada corteza. Pero no pudo. Le dedicó sus energías una y otra vez, pero sus intentos fueron en vano. La tortuga sin caparazón le explicó el motivo de su fracaso: "no puedes librarte de él hasta que no venzas tus miedos, si sigues pegado a él es porque necesitas protegerte, necesitas un sitio donde refugiarte, te resulta imposible librarte de él porque en el fondo no quieres hacerlo, tienes miedo". La tortuga no pudo contener sus lágrimas, agachó la cabeza y reconoció sus miedos.

Un caracol que había puesto sus antenas en la conversación no entendió el sufrimiento de la tortuga y quiso consolarla:" Mi caparazón es el más respetado de toda la naturaleza. Lo llevo con orgullo durante toda mi vida y cuando muero es lo único que nadie come" La tortuga sonrió y encontró en aquellas palabras un motivo por el que negarse su propia liberación. Prefirió seguir ocultando sus miedos y cargar orgullosa con su caparazón, eso sí, solo si a cambio renunciaba a ser lo que era. Y por miedo, fue caracol.



Cuento de la princesa que llegó a ser princesa

¿Y seré princesa? Su mayor ilusión cuando se pensaba era serlo. Pasó los días buscando el reino que le merecía. Y lo encontró. Empezó por desordenar su habitación, que pasaría a ser desde entonces, el salón real. No derrochó en telas caras ni sillones de piel, tan sólo cambió sus collares de lugar. Sus sábanas fueron las mismas y sus improvisadas meriendas, verdaderos banquetes reales. No deseó alfombras rojas ni cuadros con historia. Se conformó con su lámpara de noche sin bombilla y sus deseos de cosas imposibles colgados en la pared. Invirtió en estilismo y tiró todo aquello que pudiera reconocer en princesas de otras épocas. Se quedó, eso sí, con todos sus pijamas. Se descargó música del emule, que sumada a la que ya tenía, se convirtió en el que sería el disco oficial del reino. Prometió dejar algunos vicios como el maquillaje y apostó por no dejarse de morder las uñas jamás. Redujo las horas de culto al cuerpo y las invirtió en dormir. Tuvo muy claro que debía ser más bien un desastre de princesa. Pero lo consiguió.

Miedo

Dicen que el miedo puede llegar a ser bueno. Que previene el sufrimiento. Que te aleja del peligro. Que te ayuda a ir con cautela. Y no lo desmiento, de miedosos está el mundo lleno. Cada vez somos más. Un día escuché a una madre argumentar que su hijo era más bueno que el resto de compañeros porque tenía miedo. ¿Cómo? Ella lo explicó: “Mi hijo como tiene miedo no hace tantas locuras como los vuestros, yo le enseño el miedo en casa”. La madre podía tener razón. Y es que es cierto que alguien que teme ser llevado por la corriente de un río, no será el primero en lanzarse desde un puente a cuatro metros de altura.

Yo ahora no soy una niña (soy una gran mujer), ni me tiro al río desde tales alturas. Ni siquiera recuerdo si en casa me enseñaron el miedo. Pero lo cierto, es que lo sigo teniendo, y en consecuencia, escribiré sobre él.

Nadie me dijo que tuviera miedo al apostar por alguien cuando presintiese que valía la pena una oportunidad… Pero yo temo.

Nadie me dijo que debía tener miedo a perder lo que más voy queriendo…Pero yo temo.

Nadie me dijo que huyera de aquello que me hace sentir así como encariñada… Pero yo huyo.

Nadie me dijo que me temiese a mí… ¡Qué inacertado! Pero me temo.

Del miedo hablamos todos. Es muy fácil. Declararse miedoso cuesta un poquito más. Yo aquí hable de él. Lo presenté y definí. Unas líneas más abajo asumí que lo era. ¿Y ahora que? ¿Qué viene después? ¿Has vencido ya el miedo?... Diré que no. Diré que no le gano. Diré mejor que lo encubro. Me armo de falsa valentía, enfundo mi coraza, digo al mundo que la yle es fuerte y todo me parece estar bien. Todo hasta que tú me preguntas: ¿En qué piensas? Y lo veo. Veo que lo tengo.

¡Va por ti!… ¿Por el miedo? No que va!… yo no tengo miedo.

La lluvia


Hoy llueve, no es primicia. Pero hoy llueve. Eso lo primero. Y lo segundo es que nunca escribí de la lluvia. Nunca absurda para el planeta, eso es obvio. ¿Quién no memorizó su ciclo para el examen de ciencias sociales?... Algunos hasta lo colorearon.

Si llueve no salgo a la calle. Y en España menos que en Irlanda. Pero en la isla la gente lo hace despreocupada. Aquí no da pereza llevar el paraguas en mano, ni siquiera si se trata de la típica sombrilla de playa que te presta mamá cuando no hay otra cosa en casa.

La lluvia me incomoda. ¡No quiero mojarme vestida, ya me bañé antes de salir! Pero un día la odié más que nunca. Era un día de escapada. Unas horas de aventura y buenos planes. Uno de ellos, aparcar la rutina. No era un lugar mágico, tampoco inexplorado ni tenía que ver con parques naturales o montañas nevadas. Era una ciudad, la más próxima y típica en tren. Era Barcelona.

Todo iba bien. Pasearía y me dejaría llevar por el día. Que hiciese conmigo sin consultar. ¿Tal vez magia? Estaba dispuesta a todo si me divertía el momento. A todo menos a soportar la lluvia. Y si, empezó el chaparrón. El agua dolía. Nos dolía. Caía fuerte y lo hacía cada vez más. Yo no quería eso, y es que en verdad yo había venido a ver el mar.

Tu confianza



Pudiera volver tu confianza
La misma que te cuesta
La misma que me ha dado la espalda

Pudiera volver tu confianza
¿Me esforcé al principio reduerdas?
Sin remedio ahora descuidada

La misma que reclamo de reojo en este lado del banco
Rozando la piel y creyendo ser real

La misma que ahora imagino que fuera
Ahora que la mar nos tocó cerca
Y es que pudiera volver tu confianza
(०,०)

Grace

Necesito hablar de alguien. Me ha impactado conocerla. Y es que en tiempos difíciles cuesta apostar por gente como ella. Es una pequeñita y delgadita mujer sonriente por defecto. Es creyente, cree en Dios… ella me lo dijo. Y yo creo en ella. Tiene el pelo negro porque así lo determinó su raza. Y lo tiene precioso. Viste colores pastel apostando también por el gris. Lleva un aparato dental durante el día. Por las noches la veo sin él. Es encantadoramente infantil, su timbre de voz la delata. No descuida la limpieza del hogar, es más, no me la imagino sin fregar los platos sucios ni un solo día. Solo me ha confesado un defecto: no sabe cocinar. Cumplió años el mes pasado. Tiene 29.
Pero, en realidad, nada de esto importa cuando lo que me empuja a hablar de ella es su humildad conmigo. Vive para mí desde que amanece. Cuida mis pasos desde que ocupo una habitación en su casa. Me ofrece su tiempo, el poco que le queda libre después de trabajar 12 horas al día. Me ayuda en todo, lo hace, y qué bien lo hace. No le supone esfuerzo. Su apoyo es constante y a cien leguas de distancia, desinteresado. Le faltan horas al día para dedicarlas a mi bienestar. ¿Quieres algo para comer?, ¿Necesitas comprar? ¿Te dejo dinero? ¿Llamaste a las ofertas de trabajo del periódico que te he comprado esta mañana? Su nombre es Grace. Persona franca, sencilla y llana. Un pedacito de sincera bondad…

Bendito principio 0

Reflexiono sobre la inicial de mi nombre, sobre Y como eje de coordenadas. ¿Egocentrismo? No. El motivo es X, eje de abcisas, mi eje perpendicular.

Y es qué hoy X habló de Y. Habló de nosotros. Me recordó que partimos de un común principio cero. Que chocamos sin remedio compartiendo inicio y final en un pequeño instante, un minúsculo encuentro. Un perfecto ángulo recto.

Ahora me presento, soy Y, conocida como eje de coordenadas. Soy línea infinita, igual que X, otra línea como yo. Las dos ignoramos nuestros trayectos de vida. Nos cuesta anticipar piedras en el camino. Cada cartógrafo, ingeniero o matemático nos traza a su modo sin consultar. Apenas vislumbramos capacidad alguna de decisión. ¿Hacía donde quieres prolongarte?, ¿Te contamos un poco como va ir tu vida? ¿Te conformas con tu infinitud? Nadie jamás preguntó…

¡Tenemos suerte de estar juntas en esto! Bendito principio 0

The door is opening

Hace dos días que paso tres horas diarias en un Hospital. Es mi trabajo, el de ahora. Curioso destino el mío…

Salgo de mi apartamento y el uniforme se viene conmigo. En un aseo destinado al personal me decoro con una camisa azul marino, que me va por vestido, y unos pantalones deportivos de tono más oscuro pero cómodos. Aquí inicio mi ruta: tercer piso ascensor. “The door is opening”.

Entro con timidez por el pasillo de los virus y las enfermedades. A ambos lados un paciente, otro, otro, y otro… ¿Qué van a ver sino? ¡Estás en un hospital yle! Y es que no acabo de aceptarlo. No puedo ver a la gente sufrir. Allí todo es pena, pero no las penas de la vida…allí habitan las penas de la muerte, de los que se mueren. Y a mí me han contratado para limpiar.

Estoy, observo, analizo y padezco por cada uno de ellos. Mi padecimiento me ataca después. Remite contra mí reclamándome algo: ¿Podrías hacer algo por ellos no?

Intento entrar en cada habitación con una sonrisa. Sonrisa siempre tímida. Sonrisa insegura. Sonrisa cordial. ¿Acaso debo esperar que un enfermo tenga ganas de reírme a mí? ¿Podría resultarle ofensiva mi amabilidad? Todo son preguntas sin respuesta que me colapsan la mañana. Y yo mientras, sigo con mi aspiradora.

Hoy limpiaba un baño de una habitación privada. En ella un anciano cercado de cables vomitaba el desayuno. Me fijé en el monitor. Llevaba una sonda. Tenía cicatriz en el cuello… recuerdo tubos y más tubos. Buscó mi mirada y cuando la tuvo me dijo: ¿Puede ayudarme señorita?... Si, y avisé a una enfermera.

Este edificio de almas averiadas se ha presentado en mi vida como un mundo paralelo. Nosotros tenemos nuestra costumbre, luego hay un abismo y luego este lugar. Las familias lo saben bien. También las veo aquí…están entre cansadas y desoladas. Desperezándose de una incómoda noche en un sillón a los pies de su padre ingresado. Las veo aquí entre destruidas y resignadas. Y yo mientras saco brillo a un cristal.

"Alma de payasa"


..tristemente escrito, merecidamente dedicado...
Un poema que selecciono entre los demás y le dedico entrada propia. ¿La causa?... Ellos ya la saben...



“Solo necesitas tu alma de payasa”
Le propuso un caballero de cordones a los lados
“Vente a mi palacio de papel”

El siempre la invitaba
A lo que ella no siempre asentía

El siempre la acomodaba
Pero ella temía las costumbres

El nunca dejó de acompañarla
Pero ella temía a las distancias

El eternizaba momentos
Pero ella lo excusaba buscando en su soledad.

Ambos eran de apetecerse
Y aquí podrian escribirse felices
Si hasta risas dejaron en escalones
Y es que siempre fueron seres muy tristes

"A dos caramelos"



“Nunca acabamos nada”

Nunca acabamos nada. Siempre tenemos todo. Este podría ser un buen comienzo para este pedacito de reflexión.

Mientras andamos por aquí y por allá vamos perdiendo y conociendo. Lo primero siempre entristece y no debería. Sería bonito poder despegarse de todo sin identificarse con lo que se deja. Siendo así, las culpas y las nostalgias no enturbiarían momentos de nuestra vida.

Lucho por aprender a llevarme los recuerdos para construir sobre ellos, para pensarlos de nuevo, para quererlos como me apetezca y como convenga. Todo para educarme en reescribir sin nostalgias nuevas realidades.

Quiero escribirle a los finales que dicen ser ciertos y finitos. No los quiero. No me los creo. No quiero irme de aquí pensando que dejo un “algo” que ya no volverá. No quiero culpar a mis decisiones por abandonar un presente feliz. Quiero construir mi presente “allí” pensando que es otro. Sintiéndolo mío tal y como lo fue el anterior, pero no por ello peor. Quiero no pensar en lo que podría ser… quiero por ello escribirme a mi misma para leerme siempre diferente.

No quiero los finales sino los retornos, las paradas en estaciones a las que pueda volver, los cuentos que nunca empezados tampoco encontrarán su fin.

Deseo escribir las cosas sin repetirme ni lastimarme en el pasado… quiero que no tengan que ser las mismas, quiero no discutirme con la ¿realidad?. Eso es para mi libertad.